Zenith Chronomaster: el cronógrafo El Primero

El Chronomaster es la colección más importante de Zenith y la que lleva su calibre insignia, El Primero, uno de los movimientos más reconocidos de la relojería suiza. Detrás hay una historia técnica notable y un episodio que estuvo a punto de acabar con todo.

Qué es Zenith

Zenith es una manufactura suiza fundada en 1865 por Georges Favre-Jacot en Le Locle. Fue una de las primeras en reunir todos los oficios relojeros bajo un mismo techo en lugar de repartirlos entre talleres dispersos, un modelo que hoy se da por descontado pero que entonces era una novedad.

A lo largo de su historia ha acumulado un número muy elevado de premios de cronometría, y su nombre está asociado sobre todo a una cosa: los cronógrafos de alta frecuencia.

El Primero: qué lo hace especial

Presentado en 1969, El Primero fue uno de los primeros cronógrafos automáticos de la historia, en una carrera que varias manufacturas libraban en paralelo aquel mismo año. Pero lo que lo distingue no es la fecha, sino la frecuencia.

El Primero funciona a 36.000 alternancias por hora, es decir 5 Hz, frente a las 28.800 habituales. Esa frecuencia permite medir décimas de segundo, algo que muy pocos cronógrafos mecánicos hacen, y aporta además una marcha más estable.

Es también un cronógrafo de rueda de pilares con embrague vertical y rotor central, una construcción que se considera de las más elegantes desde el punto de vista técnico.

El hombre que salvó El Primero

Es una de las mejores historias de la relojería del siglo XX. Durante la crisis del cuarzo, en los años setenta, la dirección de entonces decidió abandonar la producción mecánica y ordenó destruir las herramientas, los planos y las máquinas necesarias para fabricar El Primero.

Un relojero de la casa, Charles Vermot, se negó a cumplir esa orden. En lugar de destruir el utillaje, lo desmontó y lo escondió en un desván de la manufactura, junto con los planos y las prensas.

Años después, cuando el reloj mecánico volvió a tener mercado, aquel material seguía allí. Gracias a eso Zenith pudo reanudar la producción de El Primero sin tener que reconstruirlo desde cero, algo que habría costado una fortuna y varios años.

El Primero en el Rolex Daytona

Hay un detalle que sorprende a mucha gente: entre 1988 y 2000, el Rolex Daytona automático montó una versión modificada de El Primero. Rolex no fabricaba entonces su propio movimiento de cronógrafo y recurrió al de Zenith, ajustándolo a sus especificaciones y reduciendo su frecuencia a 28.800 alternancias.

Aquellos Daytona, conocidos entre coleccionistas como «Zenith Daytona», son hoy piezas muy buscadas, y la anécdota dice bastante sobre la reputación técnica del calibre.

La colección Chronomaster hoy

El Chronomaster es la línea que recoge esa herencia. Sus versiones actuales mantienen la alta frecuencia y la medición de décimas de segundo, con una escala específica en la esfera para leerlas.

Hay dos señas de identidad que se repiten en la colección. La primera es la esfera tricolor, con contadores en gris, azul y antracita, que procede de los modelos originales y es probablemente la esfera de cronógrafo más reconocible después de la del Daytona. La segunda es el fondo de cristal de zafiro, que deja ver el movimiento y la columna de pilares en funcionamiento.

Dónde encaja Zenith

Zenith ocupa un lugar peculiar: es una manufactura con capacidad técnica comparable a la de marcas mucho más caras, pero con menos peso de imagen. Eso se traduce en que un Chronomaster suele costar bastante menos que cronógrafos equivalentes de marcas más conocidas.

Para quien valora el movimiento por encima del nombre en la esfera, es de las propuestas más interesantes del mercado. Para quien busca reventa fácil o reconocimiento inmediato, hay opciones más evidentes.