Las grandes casas relojeras presentan colecciones nuevas cada temporada. Entre esas novedades conviven los diseños clásicos, que siguen la línea histórica de cada marca, y propuestas más atrevidas dirigidas a un público distinto. Saber en qué se diferencian ayuda a elegir con criterio en lugar de por impulso.
Qué significa que un reloj esté de moda
En relojería la moda funciona de forma distinta a la ropa. Un modelo no se queda anticuado en una temporada: los relojes que marcan tendencia suelen ser diseños con décadas de historia que vuelven a ponerse en circulación. El Royal Oak de Audemars Piguet es de 1972, el Nautilus de Patek Philippe de 1976, y ambos están hoy entre los más buscados.
Lo que sí cambia con las temporadas son los detalles: el color de la esfera, el tamaño de la caja, el tipo de brazalete. En los últimos años ha habido una vuelta clara a las cajas más contenidas, de 36 a 40 mm, después de una década en la que todo tendía a los 44.
Las tendencias que se mantienen
El reloj deportivo de acero
Es la categoría más demandada. Un reloj de acero con brazalete integrado sirve para la oficina y para el fin de semana, y esa versatilidad explica que las listas de espera de los modelos más conocidos se midan en años.
Las esferas de color
El azul dejó de ser una alternativa al negro para convertirse en el color dominante. Detrás vienen el verde, que se ha extendido en los últimos años, y tonos tierra como el champán o el salmón, que rescatan una estética de los años setenta.
Los tamaños contenidos
La tendencia a la caja grande se ha invertido. Cada vez más marcas recuperan diámetros de 36 a 39 mm, que además funcionan igual de bien en muñecas de hombre y de mujer.
Los relojes sin género
La separación entre relojes de hombre y de mujer se está difuminando. Muchas colecciones se presentan ya por tamaño de caja y no por destinatario.
Los relojes que nunca pasan de moda
Hay una categoría aparte: modelos que llevan décadas en catálogo casi sin cambios y que no dependen de ninguna tendencia. Son los que mejor conservan su valor y los que nunca se ven fuera de lugar.
Un reloj de vestir sencillo, con esfera limpia, correa de piel y caja de acero u oro, encaja en cualquier situación formal y seguirá haciéndolo dentro de veinte años. Lo mismo ocurre con los relojes de buceo clásicos o con los cronógrafos de esfera bicolor: su diseño se fijó hace medio siglo y no ha necesitado revisiones.
Modelos con historia propia
Algunos relojes han quedado asociados a un acontecimiento concreto, y eso los ha convertido en referencias permanentes que no dependen de ninguna tendencia.
Omega Speedmaster. Fue el reloj que la NASA certificó para sus misiones tripuladas y el que llevaban los astronautas del programa Apolo. Ese vínculo con los primeros pasos en la Luna explica que siga en catálogo con un diseño prácticamente idéntico al original.
Rolex Submariner. Presentado en 1953, fijó lo que hoy entendemos por reloj de buceo: bisel giratorio unidireccional, esfera legible y estanqueidad real. Casi todos los relojes de buceo posteriores parten de él.
Cartier Tank. Diseñado en 1917 inspirándose en la forma de los carros de combate, es el reloj rectangular por excelencia y uno de los pocos que ha sido igual de popular entre hombres y mujeres desde el primer día.
Cómo elegir sin dejarse llevar
Antes de comprar por tendencia conviene hacerse tres preguntas: si el reloj encaja con lo que uno se pone a diario, si el tamaño es proporcionado a la muñeca, y si seguirá gustando cuando la tendencia pase. Un reloj es una compra que dura años, y los diseños que mejor envejecen casi nunca son los más llamativos del momento.